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NOTAS DE PRENSA


"Muestra Homenaje a Hugo Longa", por Gustavo Laborde Diario "El Paí­s" (Uruguay).

MUESTRA HOMENAJE .Desde el sábado 24, el Molino de Pérez alberga una muestra del desaparecido Hugo Longa, un artista que generó una revolución en la plástica uruguaya por su libérrimo y violento cromatismo

Una exultante fiesta de colores

En la sala de Malvín se exhiben unas 40 obras casi desconocidas pertenecientes al acervo familiar

 

GUSTAVO LABORDE

Desde el sábado 24 se exhibe en el Molino de Pérez una muestra de Hugo Longa, un secreto maestro de la pintura nacional, autor de la obra más potente, singular y desconocida de la plástica uruguaya de los últimos años. La exposición, organizada por APEU Artistas Visuales, reúne unas cuarenta obras de distintos períodos y podrá verse de martes a domingos de 16 a 20 horas, hasta el domingo 22 de setiembre. Esta exhibición constituye una oportunidad imperdible de entrar en contacto con la parte menos conocida de la producción de este artista fallecido en 1990, dado que son obras que están en poder de la familia, por lo que casi no han sido vistas por el público.

Pese a que el período más importante en la trayectoria de Hugo Longa se inicia hacia fines de los años '60, su vocación por las artes plásticas se despertó temprano. Nacido en Guaviyú de Arapey, Salto, el 4 de junio de 1934, tuvo a los cuatro años su primera instrucción artística: un curso de dibujo por correspondencia que le llegaba desde Buenos Aires. Un año más tarde, una vez que su familia se hubo trasladado desde el campo a la capital salteña, Longa continuó sus estudios de dibujo con el escultor Edmundo Pratti. Su talento para el dibujo era tan notable que por mandato de su maestra debió ilustrar los cuadernos de todos sus compañeros de la clase de primer año. Si bien sus condiciones artísticas eran ya prevalentes en la personalidad de Longa, en 1954 ingresa en la facultad de Derecho para cursar Notariado hasta tercer año. Por casi una década relega su faceta artística para dedicarse a un trabajo bancario. Esto no le imposibilita seguir formándose.

El 25 de agosto de 1965 entra al local de la ex Comisión Nacional de Bellas Artes, que albergaba el Salón Nacional de ese año, y queda impactado por la obra ganadora, realizada por Jorge Damiani. Poco después, leyendo los avisos fúnebres de un diario --una de sus oscuras obsesiones-- descubrió un anuncio del taller de Damiani, con quien pronto comienza a estudiar pintura. Durante los años siguientes Longa sigue formándose, mientras empieza a exponer y a participar en concursos. Se fascina con la técnica del collage, las posibilidades de la tecnología y la libertad de surrealismo. Además, escucha música, concurre fanáticamente al cine y lee con voracidad. A impulsos de la lectura del diario de Ana Frank pinta la serie Testimonios de Auschwitz. Su obra, al menos entre sus colegas, comenzaba a ser admirada, al punto que a esa altura el venerable José Cúneo dijo que si tuviera que escoger un sucesor eligiría a Hugo Longa. Y eso que todavía faltaba lo más importante.

 

GIRO. En 1970 ocurrió un hecho que cambiaría la vida de Hugo Longa. Un domingo de tarde recibe la visita de la galerista uruguaya Alicia Karlen Gugelmeier, quien acompañada del pintor Clarel Neme, visita su taller. Al cabo de ocho horas de mirar obras y conversar con el artista, la marchand adquiere la producción de todo un año: 12 cuadros, 28 telas, 30 acuarelas y 10 objetos. Al día siguiente, Longa renuncia a su trabajo en el banco. Este sería el comienzo también de una revolución en la plástica nacional que todavía se está desarrollando.

En diciembre de 1989 se realizó en la Estación de AFE la última muestra de Hugo Longa. En ocasión de esa exposición la crítica María Luisa Torrens escribió un catálogo que más de una década después sigue siendo la única referencia bibliográfica específica sobre la obra de Longa, aunque habría que sumarle artículos de prensa (varios de ellos de El País de los Domingos). En ese catálogo Torrens ya advierte que "la vasta y exultante producción de Hugo Longa es poco y mal conocida". Más de una década después la sentencia permanece vigente.

La gran eclosión que produjo la obra de Longa ocurrió hacia mediados de la década de 1980, cuando las estructuras opresivas del régimen militar comenzaban a ceder en favor de la libertad. Según Torrens la "tremenda sensorialidad" que la pintura de Longa ya había anunciado anteriormente alcanza en esos años "ribetes sobrecogedores". Este singular artista irrumpe, como la democracia, con una paleta inusitada para la sobria tradición plástica uruguaya. El uso del color que hacían los planistas, José Cúneo o Manuel Espínola Gómez, resulta al lado del de Longa increíblemente sosegado, tímido, casi lavado. Ni hablar de compararlo con la escuela de Torres García. Sin proponérselo, Longa resulta una alternativa antitética a la del maestro del constructivismo. No sólo se distingue por el desenfreno cromático de su paleta, sino también por su sistema pedagógico. Lejos de someter a sus alumnos a la ortodoxa cosmovisión del arte y del mundo, Longa alentó a sus discípulos a que acentuaran su personalidad, a que transitaran un camino propio.

 

CROMATISMO. Semejante irrupción de color, de textura y de anécdota fue del todo inédita en Uruguay. Así Longa pasó a presidir un movimiento llamado "pintura salvaje" que también se conoció como neoexpresionismo uruguayo. A esta corriente algunos artistas adhirieron, en un principio, como alumnos; otros por afinidad de sensibilidad. Entre los primeros se cuentan, como los más destacados, Fernando López Lage y Alvaro Pemper, a los que se suman, tardíamente, Gustavo Tabárez y Margaret White. Entre los segundos están sobre todo Virginia Patrone y también Carlos Musso, Carlos Seveso y posteriormente Lacy Duarte.

Torrens define el lenguaje de este pintor que se gastaba sin pudor 46 pomos de óleo en una tela como "estridente, violento, deshinibidor, rupturista e invasor", todo lo cual "lo erige en una personalidad que abre una nueva senda expresiva a la pintura uruguaya". Sin una tradición que lo explique ni lo respalde, la pregunta que intentan despejar los críticos que por él se interesaron es saber de dónde provenía esa paleta iridiscente.

En una entrevista realizada en 1987 por Miguel Carbajal para El País de los Domingos, el pintor ofreció una explicación doméstica. Esos orígenes habría que rastrearlos en la caja de jabón Lux, compuesta en rojo, azul y amarillo, tres colores primarios que lo marcarían para siempre. Otra de sus grandes influencias por él mismo reconocida proviene del comic, ya que varias de sus iconografías personales las extrajo de historietas como 'Misterix' o 'El Tony'. "Los martes corría al kiosco a esperar el envío de Montevideo y desde media cuadra ya se sentía el olor a tinta que me aseguraba el festín de las próximas horas. Sí, también leía el 'Intervalo', pero el 'Intervalo' era la hermana culta", comentó. A estas influencias Torrens agrega la pintura del mexicano Siqueiros, la iconografía del Carnaval, la de los medios electrónicos y, sobre todo, el cine.

Para muchos la obra de Longa todavía no ha sido ponderada en su justa medida, ni abordada críticamente como su valor lo demanda. Con excepción de la Colección Engelman Ost, que exhibe varias de sus obras en forma permanente y del Museo Nacional de Artes Visuales, que tiene uno de sus mejores cuadros, la obra de Longa es casi secreta, conocida por unos pocos iniciados. La muestra que alberga el Molino de Pérez, en Malvín, tal vez levante una punta del velo que la cubre.

 

| COLECCIONISTA

"Hugo Longa no tiene el reconocimiento que debería tener alguien que produjo una obra de la magnitud de la suya. Por lo general la gente es muy conservadora, lo mismo pasó con los impresionistas o con otros movimientos de vanguardia del siglo XX, que fueron reconocidos mucho después. Nosotros empezamos a adquirir su obra por la década de 1980 y siempre nos parecieron muy importantes todos los períodos de su producción. No quiere decir que seamos unos iluminados, simplemente que su obra nos conmueve. Han venido a la colección directores de bienales, críticos de otros países y pintores, como el argentino Felipe Noe, y quedan impresionados con sus cuadros y se preguntan cómo es posible que no lo conozcan. Creo que es un caso único y su obra nos sigue comunicando cosas, sigue teniendo una gran vigencia. Eso es algo propio de los grandes artistas, que en distintos contextos siguen estableciendo un puente con el público. Tenemos un respeto máximo por él porque fue un maestro que con su trazo y con su color revolucionó el arte. El era muy libre, no se ataba a ningún preconcepto. Siempre decía que igual subsistiría a pan y café con leche, antes que renunciar a su compromiso con el arte tal como él lo entendía."

 

| PINTOR

"Comencé a ir a su taller en 1985. Antes había hecho cosas por mi cuenta y cuando llegué me dijo que tirara todo. Fui a su taller porque vi un cuadro de él que me gustó. Creo que lo más importante que me enseñó fue a pintar y a ver el arte desde otra perspectiva. El potencializó mi carga adolescente que explotaba en un momento histórico muy particular. La obra de Longa es color y textura y él en eso me ayudó mucho a desprenderme de ciertos preconceptos muy arraigados en la plástica uruguaya. Yo pensaba que la elegancia pasaba por la utilización de ciertos tonos y él era todo lo contrario. No puedo decir que él tuviera un sistema de enseñanza, creo que no tenía ninguno, pero era muy perceptivo. No le gustaba que lo imitaras, en un principio lo tomaba como algo natural del proceso, pero enseguida te desalentaba. Si estabas trancado, te mandaba al cuarto de lectura y salías de allí con energías renovadas. Es un relegado porque es todo lo contrario a lo establecido y a lo que la gente quiere ver y, sobre todo, a lo que las instituciones quieren que sea el arte. Es alguien que molesta al oficialismo.

 

| PINTOR

Ingresé en 1985, luego de que le llevara una carpeta a Enrique Medina y él me recomendara que fuera con Longa. Es algo que le agradeceré eternamente a Medina. Cuando recién entré al taller tuve un shock y me puse hacer collage --porque el era un genio del collage-- una forma de expresión que yo, que venía del dibujo, nunca había considerado. La personalidad de Longa era muy fuerte, y era un tipo muy divertido. Una vez, en las escaleras del Subte municipal, hizo reír tanto a un amigo que perdió pie y se fue escaleras abajo, sin dejar de reírse. Pero también era muy tímido, algo que podría parecer irónico si se lo conoce sólo a través de su pintura, que podría parecer la de una personalidad violentísima. El te alentaba a tener un lenguaje personal, pero el gran legado de Hugo es que me dejó fue la paleta irrestricta. Yo se lo agradezco todos los días, pero también lo maldigo, porque no tenés la certeza de una paleta. No estás acotado por un registro. El tenía como una ética con el color, una relación ahistórica, casi infantil con el color. Es como que tenía una gran sabiduría sobre el color, pero con ausencia de educación. Las dos cosas que más me marcaron fueron el color y la desconfianza total hacia el mundillo de la pintura. Espero que tenga un justo reconocimiento. Ya hace falta un buen libro sobre él.


"Colores y Trazos Liberados", por Alicia Haber Diario "El Paí­s" (Uruguay, 2002).

OBRAS QUE HUGO LONGA HIZO EN SUS ULTIMOS AñOS SE EXPONEN EN EL MOLINO DE PEREZ

HOMENAJE A HUGO LONGA l Exposición organizada por la Asociación de Plásticos y Escultores del Uruguay.Sala: Molino de Pérez, Parque Baroffio.

 

CRITICA I ALICIA HABER

Hugo Longa (19341990), emergió como una explosión a mediados de la década del 60, expresando un desenfado imaginativo y cromático atípico en la pintura uruguaya. Esos rasgos aumentaron a partir de mediados de la década del 80. Es ese período y sobre todo el de los últimos años antes de su fallecimiento, el que predomina en esta exhibición homenaje organizada por APEU.

Por entonces Longa exploró con más intensidad mundos fantasiosos y los plasmó con un color exaltado en una senda neoexpresionista. El Uruguay debe a Longa la apertura hacia un camino pictórico que estaba muy poco transitado: él dio luz verde a la pintura más liberada tanto en su actitud creativa como en la docente.

Pero antes de ese cambio decisivo, Longa tuvo otras etapas valiosas. Comenzó a exponer desde 1966 y entre 1966 y 1980 transitó por numerosos temas. Entre sus series se cuentan: "Los obispos", "Los tótems", "Las máquinas espaciales", "Los testimonios de Auschwitz", "Album de figurativas" y una humorística con presencias de gatos. Fueron muy singulares en ese período sus objetos, sus collages, en los que exploraba mundos imaginarios, lo fabuloso y lo mágico.

Alrededor de 1984 cambió su estilo expresivo. Longa se dedicó desde entonces sobre todo a la pintura en clave neo expresionista muy intensa Las obras tienen múltiples referencias al graffiti, al pop, dialogan con Richard Lindner, con el movimiento Bad Painting, a veces con el Funk Art, tienen resabios Neo Fauves, Neo CoBrA, y apuntes vinculados a Saul Steinberg y Dubuffet. Esta pintura expresada en elevado cromatismo y densidad de materia se contrapone a la de colores más controlados de las series anteriores. Longa abandonó un uso terso de la superficie.

GESTUALIDAD. Esta es, como se puede ver en el Molino de Pérez, una pintura de violencia gestual y densidad colorística. Longa desplegó una ampulosidad cromática de vibrantes y violentos verdes, rojos, azules, amarillos y violetas. Elaboró efectos matéricos, alteradas relaciones de escala, acudió a manchas y chorreados, usó grafismos y asumió una poderosa libertad formal. Las telas son particularmente excitantes por la presencia de las pinceladas violentas, inquieta y agresiva vertidas en múltiples direcciones y por los chorreados vehementes.

Con esos recursos, Longa plasmó una inquietante fauna, con seres grotescos e imágenes llamativas y distorsionadas. En el Molino de Pérez el espectador se enfrenta a excitados y vibrantes gatos, tigres, serpientes, dragones, mujeres de senos hipertrofiados, murciélagos, cocodrilos, rostros-máscaras, calaveras. También se encuentra con arañas, gusanos, el propio artista hipertrofiado, deformaciones físicas de toda índole, calaveras inundando las telas y los papeles, pájaros siniestros con garras y variados seres monstruosos en imágenes que buscan la forma más brutal y directa de expresión.

Longa aludió así a la realidad amenazadora de lo exterior y del mundo interior. Abordó varios temas como la guerra, la violencia, la incomunicación de pareja, las pulsiones sexuales, los desbordes de poder, la inevitabilidad de la muerte, para citar algunos ejemplos.

A veces un ser simboliza la ambición de alguien capaz de todos los excesos para obtener poder. Es alguien que impone el terror a seres débiles y vulnerables que se agitan debajo de su rostro enorme o que quedan aplastados ante tanto desborde arrollador. El poder al que ambiciona, y el que ha conseguido, se establece sobre la base del miedo. En casi todos los casos se encuentran ojos desorbitados que trasmiten ferocidad. Muchas veces aparecen los genitales masculinos antropozomorfos muy agigantados. Furia y desmesura quedan registrados en estos monstruos. Longa pintaba a partir de lo irracional.

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