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NOTAS DE PRENSA

Montes, Pepe


Montes, tras su camino (Mundocolor, 6 de noviembre 1981)

Frente a Playa Verde, sobre uno de los extremos de la “curva ensoñadora” se levanta una casa de dos plantas, de ladrillo visto, arcadas y generoso porche, donde vive José Luis “Pepe” Montes Lenguas y su familia.

Padre prolífico (siete hijos) y pintor no menos prolífico, su vida parece transcurrir felizmente con las preocupaciones lógicas de quien, progenitor de numerosa familia se encuentra además en la tenaz búsqueda de un camino siempre renovado tras las “grandes ideas del arte”.

Cuando se le pregunta acerca de su actividad, Montes cuenta en tono cadencioso y reflexivo, que dedica todo su tiempo a la pintura y dos veces por semana da clases durante todo el día.

“….. Y después mucho tiempo le dedico a analizar y pensar mis cuadros. Es importante observar el resultado…..ser consciente del camino creativo que se ha elegido”,  explica y se detiene reflexivo de vez en cuando, mientras su señora Martha Crevoisier lo observa en silencio. “Sobre todo si se tiene en cuenta que un cuadro es una cosa viva”

Montes cree que el observar su obra le permite al artista reconocer una serie de lo que él llama “escalones significativos” dentro de un largo camino a seguir. “Existe un cierto estado de vivacidad, dice, que nos catapulta a veces a un nivel más alto del corriente, si normalmente somos un cinco sobre diez este nos lleva un siete, esa vivacidad, ese estado de emoción exaltada hay que aprovecharlo y aprender a reconocerlo.”

Veloz en su trabajo creativo, Montes llega a pintar cuatro cuadros diarios y asegura que esto es necesario para mantenerse en forma. “Hoy de mañana hice una cosa planista y arreglé un pedazo de un retrato, sostiene unos minutos y luego concluye, pero estoy todo el día pensando en esto”.

La charla transcurre en la planta baja de la casa, en el living, junto a la estufa de leña donde en el lugar de los leños hay ahora tres bonitas plantas, las paredes con muchos cuadros, algún autorretrato, demostrativos de la paleta baja de este discípulo del Taller Torres García. Sobre las ventanas coquetas cortinas de voile, dan un marco entre bohemio y coqueto que refleja la vida de los habitantes de la casa.

Se le pregunta a Pepe como fluye en el ésta atmosfera que lo rodea “Esta casa que yo adoro, responde, no influye en mi por sus características materiales, sino por lo que significa como hogar…. Yo a mi mujer le debo todo, afirma sin dudarlo mientras desde su lugar Martha no parece sentirse digna del halago, tiene un sentido de la realidad que yo no tengo para nada. Mi máxima felicidad es que al terminar un cuadro éste sea aprobado por mi mujer, y me llevo los tales disgustos cuando veo que lo desaprueba y con razón.”

Con respecto a sus hijos, el artista ha adoptado por no condicionar su elección.

Una de sus hijas, Mariana, tiene condiciones excepcionales según cuenta su padre, quien parece observar con respeto su aptitudes.

“Horacio dice que poeta se nace, otro tanto sucede con el pintor. Con la condición, la facilidad de plasmar la idea difusa en el momento de la creación, eso viene con uno.”

Tratando de averiguar las pautas que brinda en su taller de la calle Grito de Gloria, se puede concluir que éstas son tan impalpables como las “grandes ideas” de las que habla el artista, pero tan certeras como las obras de sus alumnos quienes realizarán próximamente una exposición  en la Galería Porton de San Pedro.

“Les pido a mis alumnos fundamentalmente que adquieran una sólida cultura general, que conozcan los valores plásticos y una técnica pictórica fuerte para que no se vayan por las ramas tras ondas que nada tiene que ver con el arte, y agrega, que traten de viajar y sepan lo que están viendo desde el punto de vista pictórico puro y no cronológico y que no se desganen y pierdan su identidad tratando de ser originales.”


"Exposición de Pepe Montes", por Ma. Jesús Garcí­a Puig (Intendencia Municipal de Montevideo, 1982).

"... la sabiduría que cada uno posea, no por esto adquirida;  el sentido constructivo que cada uno tenga;  y aquello original del alma (que es su personalidad) y que es de donde viene el poeta y el creador, deben manifestarse como cosa propia.  Lo aprendido debe dejar paso a eso otro..."

Joaquín Torres García

En esta básica premisa se sienta toda la producción pictórica de Pepe Montes Lenguas, y en general de todo artista que se precie de ello.  Sin caer en snobismos ni en fáciles comercializaciones, Montes recorre su experimentación artística a la par que su vida.

La muestra que exhibe en esta ocasión incluye obras que arrancan desde sus primeras y firmes realizaciones dentro de las enseñanzas del Taller Torres García, hasta sus más recientes cartones elaborados en este mismo año.

Pepe Montes es de los pintores que en un momento determinado de su trayectoria se encontraron con que el orden que les daba el natural ya no lo podían componer más plásticamente, a raíz de lo cual probaron partiendo desde otros puntos.  En su caso resultó que el orden que le satisfacía era el que le daba el compás de la sección de oro, puesto que a través de él podía establecer nuevas cosas en base a la mencionada sección de oro, a la vertical y a la horizontal bien establecidas.  Con estos elementos conseguía producir dinamismo o estatismo según los utilizara.  Fué entonces cuando Montes comprendió la necesidad de ingresar en ese mundo constructivo.  Y de ahí su colección de obras que pueden ubicarse dentro del Taller Torres García;  sus cartones muestran los diferentes tanteos constructivistas desde los clásicos casilleros, naturalezas muertas con colores puros, collages, pintura tonal con aspectos del puerto donde se mantiene el color local y el concepto de la forma, etc., siempre medidos y construídos con solidez en el dibujo y un diferente toque de color que le caracteriza.  Según sus propias afirmaciones él no piensa nunca en Torres, se limita a establecer formas y medidas y aparece el lenguaje de inmediato y con él se expresa;  es decir, trata de seguir el espíritu de las cosas, no la letra misma de estas;  y aún admirando y respetando mucho el mundo cósmico creado por el Maestro, reconoce que no es el suyo y que debe buscar en él mismo las respuestas.  Sus constructivos más ortodoxos son  el resultado de una experiencia que precisaba pasar pero enseguida les añade su personal visión que se manifiesta sobre todo en la interpretación del color, como el encuentro de una persona con algo que no puede armonizar consigo mismo y par alo cual da entrada a colores que no tienen nada que ver con el constructivismo primariamente concebido.

La exposición puede ser dividida en dos grandes grupos.  Uno correspondiente a la pintura naturalista y otro a la geométrica.

Antes de referirnos a cada uno de ellos es de interés comprobar que las obras en su mayoría forman parte de series no realizadas con un orden cronológico.  Montes va de adelante para atrás a medida que va encontrando soluciones a interrogantes planteadas con anterioridad y que por aquel entonces no pudo resolver.  La cuestión de un posible desfase temporal le trae sin cuidado, lo que pretende es ir superando sus problemas estéticos.

La pintura naturalista de Montes parte de una muy buena interpretación de las enseñanzas del Taller Torres García, al que concurrió desde 1950 (un año después del fallecimiento del Maestro).  Al conversar con el pintor insiste en subrayar la idea de que siempre, -en todos los casos-, se basa en la realidad, no hay cosas inventadas, sino que tomando apuntes del natural luego los modifica según su personalidd y por medio del compás de la sección de oro.

Dentro de esta pintura del natural destacan sus series de retratos y de naturalezas muertas.  En ambas hay un fuerte grado de experimentación tanto en la línea como en el color.

Así en los primeros hay casos en los que la pintura del natural se pone en plena evidencia al aparecer la sombra proyectada y la cara en sombra de los objetos.  En otros, aún manteniéndose los colores ya la luz empieza a modificar el color local, sintiéndose afectado por los que tiene a su alrededor, perdiendo su esencia.

Se exhiben dos de la misma persona, el capataz, que nos permiten ver un par de variantes pictóricas dentro de un mismo tema e incluso aquí de un mismo modelo (once años después).  El fechado en 1957 es de un naturalismo de buena calidad usando el concepto del color local.  El otro, de 1968, lleva implícito todo un proceso evolutivo, es una pintura que Montes denomina "a trocitos" y que rompe con el color local (sus orígenes se remontan a Frans Hals), es de una pincelada muy espontánea, a toques, fluída como si se tratara de un boceto;  pero en la que para lograr el parecido es necesario un gran dominio y justeza en el dibujo, aspectos estos que logra ampliamente el artista.

 Los últimos retratos están hechos en base a penumbras muy luminosas, pero la cálida expresividad de los mismos se mantiene latente en toda la selección.

Con referencia a las naturalezas muertas cabe decir, como en el caso anterior, que prueba constantemente, frecuentando el claroscuro, y aunque la mayoría son densas de color no resultan pesadas, logrando conjugar las sombras con áreas luminosas, mediante el uso del blanco y del negro.  Los objetos aparecen ligados por una atmósfera de líneas y colores que los envuelve unificando el conjunto.  Aquí también tiene ejemplos de la pintura "a trocitos", técnica analítica que encara de diferente forma la composición, sin grandes planos.

 

"No nos importa la deformación, porque ya hemos cortado con el orden normal para ponernos en un orden estético...El artista opera conformas y no con cosas, porque lo que él está haciendo es un ordenamiento plástico, y no la reproducción de un aspecto natural".

Joaquín Torres García

Este fragmento del "Universalismo Constructivo", la gran obra del Maestro Torres García resulta muy útil para introducirnos en la pintura geométrica de Montes Lenguas.  En ella, más que nunca, actúa por sugerencias de ofrmas, basándose en apoyos lineales y formales, pero simpre conservando recuerdos con la figuración, pese a ser algunas de sus más recientes obras muy abstractas.

En esta pintura hay una serie de figuras femeninas en las que el compás de la sección de oro está usado con toda su potencia para deformaar, quebrando la anterior línea de retratos en los que el compás se apoyaba en la forma real.  Vemos notoriamente que no está interesado en el "buen gusto" sino en una pintura intelectual la cual no es fácil de captar a simple vista y para la que se requiere un mayor estudio.

Dando un paso más compone estucturas en las que experimenta febrilmente con el compás, llegándole a dar a éste un punto armónico y ese punto lo va componiendo con líneas y planos de color, con juego de verticales y horizontales.  En otros casos desplaza la sección áurea (ingresándola en un cuartel), y creando por consiguiente una desarmonía debido a que el punto de la sección no lo coloca en el lugar lógico sino en otro que le otorga mayor dinamismo.  A veces pone en movimiento líneas oblícuas pues conceden más acción a la composición.  Siempre en la medida, las formas se repiten, pero dándose diferentes tratamientos en el color y trazo.

Respecto a los símbolos en general podemos decir que su pintura no se caracteriza por ellos.  En el caso de emplear algunos elementos con este carácter, ha resuelto la necesidad de dejarlos abiertos, puesto que de lo contrario pierden vida, es como si se paralizasen las líneas.  Es ahí precisamente donde residen sus puntos fuertes:  vigor de líneas y firme construcción con el color;  resulta así una producción con consistencia formal y dentro de una vigorosa estructura, fruto de toda una experiencia en el mundo de las líneas y los planos, a los que se suma su emotividad y personalidad al encarar cada obra.

Ma. Jesús García Puig (Licenciada en Historia del Arte).


"Conquista y Legado de Pepe Montes", por Thiago Rocca (fuente: Uruguay Total).

La filiación de José "Pepe" Montes al Taller de Torres García comienza en sus tempranos 22 años y esa pertenencia pictórica -que entraña al mismo tiempo oficio y vocación, aprendizaje y maestría-, se mantendrá inquebrantable a lo largo de toda su vida. Ello significa enriquecedores aportes al legado torresgarciano en la práctica puramente constructivo de la abstracción y del paisaje urbano. Esta retrospectiva compuesta de unas 45 pinturas y 15 cajas confeccionadas en su taller, da cuenta de los muchos hallazgos creativos del artista pero alcanza momentos cumbres en sus desnudos y retratos. Es allí donde se ve más claramente el ejercicio contumaz de exploración analítica, la constante interrogación al mundo visible a través de la pintura.
En los retratos de Onetti, Aurelio Torres o su hija Jimena, por citar sólo algunos, una paleta de tonos bajos y ocres -tan frecuente en el taller de Torres García- se ve reforzada por el trazo fuerte, decidido, que no escatima los gruesos contornos negros de las figuras ni niega la disipación de las líneas hacia una forma abierta del dibujo, como inconclusa. Esta aparente dispersión se verá prontamente contenida en los ojos de los retratados. La gravedad de unos ojos que se saben vistos. Los rostros parecen concientes de que su imagen será dislocada en la mente del creador para ser recompuesta en la pintura. La gravedad de los ojos está fijada por el poder del demiurgo: la captación de la verdad psicológica que hace el pintor de su objeto de estudio.
En cambio, en los estupendos desnudos como "Irina recostada" ,"Ana en el espejo", "Mirando atrás", la captación psicológica cede naturalmente a la materialidad de los cuerpos. La citación de los nombres propios de las modelos sirve como contrapeso a esa revelación de la humanidad primordial. Los ojos de las retratadas están siempre cerrados y cuando no están cerrados se esconden al encare frontal del pintor, en una mezcla entre pudorosa y seductora, conmovedoramente carnal. Entonces la lectura del cuerpo es potenciada por la calidad de la luz. El cuerpo es como un escenario donde la luz actúa sola y moldea las formas.
La retrospectiva de Pepe Montes, necesaria para comprender la obra de este maestro recientemente desaparecido, es un ejemplo de la voluntad de crear en la tradición. Un sendero donde la luz deja huellas.


"Pepe Montes: El Tiempo Recuperado", Diario "El Día".

Con un cúmulo de nuevas obras regresa Pepe Montes en una exposición a realizarse en la Galería “El Portón de San Pedro”. Allí dará a conocer su más reciente producción artística, lo que ha dado lugar a esta entrevista, donde el pintor evoca sus primeros pasos, sus años de juventud en el Taller Torres, y encuentra que  hoy: “El arte sigue siendo un mundo avasallante”.

 

El regreso está previsto para el 16, en Portón de San Pedro. Allí, Pepe Montes dará a conocer sus últimas 26 obras. Y,  por si fuera poco, ofrecerá una novedad: sus retratos. Por estas razones no es, ésta, una muestra más del destacado pintor uruguayo, un hombre que tiene idea clara de sí mismo y del mundo que lo rodea y que ha exhibido su producción a lo ancho y a lo largo del  mundo. Por eso , Pepe Montes confiesa a El Pais de los Domingos que: Esta muestra remueve mi memoria, y me recuerda algunos buenos momentos de mi juventud. En especial, las exposiciones hechas en el Taller Torres García, donde el nivel pictórico era estupendo y el grupo de artista magnífico.

-  Cuáles fueron sus vinculaciones con Torres y su taller?

-   Cuando veía aquellos cuadros  de don Joaquín Torres García, o aquellos de los integrantes de su Taller, sentía que en ellos había color, verdad, vida. Esto me dejaba impresionado. Como buen hombre de campo, me acercaba a la pintura con absoluta ingenuidad; aquella era para mi una pintura inalcanzable. Un día finalmente, gracias a Francisco Matto, ingresé  en aquel misterioso Taller que Torres tenía, para mi, mucho de templo y me imponía un enorme respeto.

 

-   ¿Que ocurrió entonces?

 

-  Todo cambió a partir de ese momento –responde Montes- Fue algo así como un cataclismo beneficioso. Hoy, gracias a Dios, tengo la enorme alegría  de recordar aquella  decisión y el acierto que fue, para mi, el haberla tomado.

 

“Hablar de pintura, pensar sólo en la pintura, sentir como pintor y pintar, pintar, era mi existencia”, recuerda, hoy, ante El País de los Domingos. Y agrega: Líneas, planos, colores, emoción, armonía, vida, ritmo, eran todos elementos de una constelación nueva para mi, que me impulsaba a la pintura con auténtica pasión. Sentía que debía pintar cada vez más, para pintar mejor.

 

Pepe Montes habla, se entusiasma con el tema, su tema, y atrapa momentos de su existencia, con claridad y satisfacción. Dice, por ejemplo: En un momento de mi vida, sentía que los paisajes eran la pintura, que la atmósfera tenía que pintarla; y pensaba que eran una realidad y que la pintura era otra realidad, paralela a ella. Y pensaba, también, que así, sentida,  debía nacer la pintura..... Era tal mi inocencia –evoca- que hoy me llena de orgullo.

 

 

Más allá de los recuerdos

 

-  ¿Y que ha dejado todo ese tiempo definitivamente ido?

 

-  Buenos recuerdos. Y las seguridades de que sigo encontrando en el arte un mundo avasallante, le da riquezas y posibilidades, habitado de renovados órdenes plásticos. Tengo también, una idea más clara de mí y del mundo.

 

-  Desde esa perspectiva, entonces, ¿cómo define su muestra a inaugurarse el 16, en “Portón de San Pedro”?

 

-  Esta compuesta por paisajes, dentro de un naturalismo sintético, basado en grandes manchas y planos de color. Parto, más de los colores de la paleta que los de la realidad....Este es el eje de las obras que expongo. Las figuras están tratadas de la misma forma: un dibujo ordenado, como si fuera una estructura, en los vastos planos de color.

Así ha hablado Pepe montes de sus buenos tiempos. Pero la pintura sigue siendo para él, hoy como ayer, una alegre aventura de todos los días.


"El Renovado Retorno de Pepe Montes", fuente: Diario "El Paí­s" (Uruguay).

Canta la línea y el Color

 

Sin duda Pepe Montes tiene sangre española por todos los lados. Pero es uno de los pintores uruguayos más personales e independientes, que ha trazado una trayectoria pictórica coherente, dirigida siempre a una misma dirección . Quizá, porque partió del Taller Torres García, para asentar su enseñanza y proseguir su camino con su propia preocupación de artista-pintor. Desde el pasado viernes  24 reúne, en Galería “El Portón de San Pedro”, una excelente muestra de su producción más reciente, que poco tiene que ver con sus pasadas exhibiciones. Por tal motivo “EL PAÍS DE LOS DOMINGOS” lo entrevistó, en una tarde invernal, en su casa, frente a la costa, donde habló de los pasos que hay que seguir cuando se es un artista verdadero.

Yo no soy un artista que se ate a nada. Si tuviera  una persona que me indicara que tengo que hacer en pintura, no podría hacerlo. Es verdad: yo no me he vinculado con nadie y me veo con muy poca gente. Pero algo es muy cierto: tengo gran amistad con Augusto Torres y Francisco Matto, y es solo con ellos que estoy un poco rodeado, que puedo intercambiar  conceptos  sobre lo que es trabajar en pintura. Y estoy muy contento de sostener esa relación, porque pasé muchos años solo, después que cerró el Taller Torres García, allá por el sesenta y uno. Es que todo el mundo se fue o cambiaron de ideas y cosas. Es cierto: aparte de Augusto Torres y de Matto, yo no me he vinculado con nadie y veo a muy poca gente.

Así como un caso aislado dentro de la plástica nacional, Pepe Montes ha transitado dentro de la escolástica de Torres García. Partió desde esa tradición artística  y continuó, paso a paso, hacia el descubrimiento de su propio camino, porque él –como los auténticos artistas- nace y vuelve a nacer en sus obras. Su última exposición, en “El Portón de San Pedro” es un gratificante compendio del concepto maduro que ha alcanzado su pintura.. Y para demostrarlo están sus puertos  y muelles de Montevideo, planistas y en tonos azul o térreos; sus estructuras con signos y con doble línea; sus impecables aspectos de la ciudad. Pero otra virtud exhibe su actual muestra; es la que aparece en sus excelentes composiciones con figuras humanas en ocres, o ese desnudo –de gran dimensión- donde ha empleado tonos de blanco, negro, amarillo de Nápoles y tierra siena, y en el cual, deliberadamente, emergen líneas de carbonilla a la vista, para firmar –como si quedara alguna duda- que detrás de cada color, co-existe el peso rotundo de un  dibujante magistral.

 

El estudio sostenido

   

Pero año tras año, en sus estudios  sostenidos de objetos, lugares y personas,  Pepe Montes ha obtenido su propuesta de pintor: es su síntesis visual. De tal modo, hace uso del rectángulos de la Sección Aurea, para organizar la superficie de sus pinturas y para alcanzar un equilibrio interno y estable en cada cuadro. Su preocupación ha sido la de continuar esa aventura de unificar la forma abstracta y las imágenes simbólicas, en un constructivismo con comentarios explícito. Así, hace visibles sus experiencias a través de formas que quedan como construcciones de los eventos reales que ha visto y comprendido, hechos para que se entiendan mejor. En su pintura aparecen las formas simplificadas y aplanadas; el diseño rectineal, y el énfasis en la superficie que puede sugerir entonces, la presencia de un pintor que domina la técnica sin titubeos. Una técnica, claro, que expresa además, la emoción del artista, por medio de la vitalidad de las líneas y matices, y por la justa manipulación intuitiva del color y las pinceladas, que no son más que su hábito de comprender las cosas de una manera conceptual y no literal. Pero, sobre todo, como todo auténtico artista plástico,  Pepe Montes es un constructor que busca la unidad artística por medio de las herramientas artísticas de la composición, la proporción  y la geometría, dando evidencia de su creciente interés en  la estructura y las formas  simplificadas. “ La construcción debe ser, sobre todo, la creación de un orden”, citó una vez Torres García. Y Montes es un artista que representa solo lo esencial, según una idea mental, para que esa base construya su pintura.

El propio Pepe Montes se encarga de afirmar:

“En esta exposición de ahora estoy muy contento, porque se liga más a mi manera de ser. Me gusta pintar de lo natural, pero me gusta hacerlo bien hecho. No de una manera torpe, sino que quede algo limpio, algo claro. He tratado de  sacar lo literario para llegar a algo simple. Es que yo preciso de la realidad  como provocación y después una realidad que me afecte. Hay cosas que no siento  y que no me provocan el menor interés. Me interesa la línea y la forma o, de pronto  el color. Es cierto que veo una puesta de sol que puede ser muy preciosa  pero no me inspira nada. Eso es para otra persona y lo miro como una cosa fantástica de la naturaleza por su juego de colores, pero no me diccn nada en cuanto a pintura. Sin embargo, eso no me pasa con las puestas de sol que pintó Monet, que son puestas de sol, pero cargadas de  un nivel maravilloso de abstracción. Creo que son maneras de ser. Creo que yo no elegía nada cuando empecé a pintar. Son cosas que se van dando. Pero me doy cuenta que, cuando dibujo mucho, mejoro en mi pintura. Cuanto más dibujo, mejor color tengo. Es la base del dibujo y la comprensión de lo que es el dibujo, lo que me llevó a la pintura. Y entender eso me llevó muchísimos años. Siempre tengo presente una frase de Modigliani que me dio  una gran comprensión. El dijo una vez:; “El dibujo es  la inteligencia de la pintura”.

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